SAN JUAN DE LA PEÑA (HUESCA)

 

El monasterio benedictino de San Juan de la Peña fue en origen un lugar para ermitaños como corresponde a la soledad y aridez del sitio donde se encuentra enclavado. La leyenda dice que la fundación de este monasterio se debe a un hecho casual; la salvación de un noble zaragozano de una muerte segura, tras un accidente de caballo, por la mediación de San Juan. Gracias a este accidente encontró una cueva con un pequeño altar dedicado a San Juan Bautista, allí se retiró a hacer vida de eremita después de convencer a su hermano para que le acompañara, corría el año 720.

 __________________________________________________________________ 

 

Dos aspectos del claustro románico de San Juan

Otras fuentes citan que el origen de este monasterio se debió a un grupo de cristianos que, fugitivos de los moros, se refugiaron en este lugar, amurallándolo para defenderse de los ataques moriscos. No tardó mucho el emir de Córdoba en acabar con esa resistencia destruyendo la ciudad y matando a los cristianos.

La realidad es que, parece ser que sí existió un grupo de eremitas, huidos de los musulmanes, escondidos en estas montañas, que pudieron ser el germen de la futura comunidad religiosa.
Los primeros documentos serios datan del siglo X, cuando parece ser que se asentó la primera comunidad religiosa.

Fue en tiempos de Sancho el Mayor, en torno al año 1025, cuando el abad que regía el monasterio y que provenía de la abadía francesa de Cluny, decidió imponer a sus monjes la reforma cluniacense; es decir volver al cumplimiento estricto de la regla respetando los votos de pobreza, castidad, obediencia, humildad y penitencia que, en muchos monasterios, se estaban olvidando.
 

A lo que ayudó, por un lado, el que los cluniacenses tuvieron las llamadas exenciones monásticas, gracias a las cuales el obispo no tenía jurisdicción sobre la orden y esta pasaba a depender directamente de la Santa Sede, pero que por otro que produjo numerosos pleitos que complicaron las relaciones entre los obispos y el monasterio.
 

 

 

 

Detalle de una de las capillas de la iglesia alta

La abadía de San Juan de la Peña había conseguido independizarse de los obispos, pero no pudo sustraerse a la protección de nobles y reyes que, a cambio de ciertos privilegios y donaciones materiales, ponían y quitaban abades, exigían cuotas de poder y acabaron por desvirtuar y echar por tierra los ideales de la reforma.

 

San Juan de la Peña no fue precisamente un cenobio humilde, al estar protegido por los reyes se hizo rico y poderoso; iglesias, villas, tierras, rentas, objetos valiosos…se unieron para hacer de San Juan de la Peña uno de los más esplendorosos monasterios del Reino de Aragón durante la Edad Media; palacio de reyes y panteón regio.

 

 

 

 

 

 

Restos de pinturas murales de la capilla de San Victorián

 

Dos terribles incendios acaecidos uno en 1494 y otro en 1675 dejaron el monasterio prácticamente destruido, el primero acabó con gran parte del convento, lo que le supuso una larga y costosa restauración, y el segundo acabó además, con el importante archivo que guardaba el monasterio.

 

Después de este segundo incendio los monjes decidieron abandonar el lugar y construir un nuevo edificio muy cerca, en el Llano de San Indalecio, al que se le llamó el monasterio Alto, donde se trasladaron en el 1682.
 

 

 

 

Cabecera de la iglesia alta

No acabaron aquí las vicisitudes del monasterio, los primeros años del siglo XIX que fueron terribles para España, también lo fueron para el monasterio, al que las tropas francesas asaltaron el 25 de agosto de 1809, destruyendo, saqueando y, por último, incendiándolo. Tan sólo respetaron el viejo monasterio de la Peña.

Una vez retiradas las tropas francesas, la comunidad volvió a ocupar el convento por un breve periodo de tiempo, ya que las leyes de Desamortización acabaron definitivamente, como en otros muchos casos, con la vida monástica de San Juan.
 

Los dos monasterios quedaron abandonados a su suerte y, hasta principios del siglo XX, siendo ya el monasterio propiedad del Estado, no se acometieron los primeros proyectos de restauración que han continuado casi hasta nuestros días.
 

Dos monasterios entre los siglos X y XVII
 

El conjunto monástico de San Juan comprende los dos monasterios que han formado parte de su historia; el primero y más antiguo es el que se conoce como monasterio bajo y el segundo, del siglo XVII, se conoce como monasterio alto.

 

 

 

 

Portada de acceso al claustro

El monasterio bajo es el resultado de una construcción que se hizo en distintos momentos, entre los siglos X y XII, de acuerdo con las necesidades del convento. Lo primero que vemos al entrar es la Sala del Concilio, posiblemente el dormitorio monacal, edificada en el siglo X.
Es una amplia sala dividida en cuatro tramos por arcos de medio punto que se apoyan en grandes pilares y está cubierta por bóveda de cañón. La iluminación se consigue gracias a varias aspilleras abiertas en el muro.

Un sencillo arco de herradura da paso a la parte más antigua del monasterio, la iglesia mozárabe del siglo X. Este templo es un pequeño espacio formado por dos naves y dos ábsides rectangulares cubiertos por bóvedas de cañón que se comunican, las naves entre sí y éstas con los ábsides, a través de arcos de herradura y arcos de estilo mozárabe.
 

En las bóvedas de los ábsides todavía quedan fragmentos de frescos.
 

Subiendo la escalera que mandó construir don Pedro de Setzera en el 1301, se accede al Panteón de Nobles donde se pueden contemplar las peculiares decoraciones de trece de los nichos, con arquivoltas que se apoyan en figuritas de cariátides, cenefas y columnitas.

 

 

 

Vista de una de las naves de la iglesia alta

En gran parte del muro hay inscripciones sepulcrales y memorias necrológicas; la más interesante un relieve del siglo XI que representa el alma del difunto camino del cielo transportada por dos ángeles. A mano derecha del Panteón quedan las dependencias, bastante ruinosas, propias de la vida monástica; la vivienda del abad, celdas, cocina y refectorio.
Desde aquí se puede llegar a la iglesia románica que se encuentra en el nivel superior.

Esta iglesia, que fue consagrada en el año 1094, consta de una nave rectangular con tres capillas en la cabecera separadas por tres arcos de medio punto que se apoyen en columnas adosadas, aprovechando la misma roca para que sirva de bóveda de la cabecera del templo.

 

 

 

 

Capilla mayor de la iglesia alta

En el siglo XIII se abrieron varios vanos en los muros para conseguir iluminación interior. Junto a la iglesia románica está el claustro, al que se accede a través de una puerta mozárabe, la parte más interesante del monasterio. Sobre la puerta se puede leer la inscripción, en caracteres mozárabes, que dice; “Porta per hanc caeli fit pervia cvqve fideli ivngere ivssa dei” (La puerta del cielo se abre a través de ésta a cualquier fiel si se aplica en unir a la fe los mandamientos de Dios).
 

El claustro, de base trapezoidal, tiene a la roca como cubierta y está formado por una serie de arquerías de medio punto, con decoración ajedrezada, que se apoyan sobre columnas dobles o cuádruples. Las columnas están rematadas por unos capiteles tan bellamente esculpidos que son los que han dado fama a este monasterio.

Los capiteles datan de finales del siglo XII a principios del siglo XIII y presentan distintos ciclos iconográficos; Génesis, vida de San Juan Bautista y vida de Jesús.
 

 

 

 

Vista de una de las galerías del claustro románico

Cerca del claustro se encuentra la capilla gótica de San Victorián, con una notable portada, compuesta por cinco arquivoltas, decoradas con motivos vegetales y rematada por un escudo con las armas de Aragón.
 

En su interior se conservan restos de pinturas murales, posiblemente del siglo XIII.
 

Con permiso del rey Carlos II, en el siglo XVII, los monjes se trasladaron al nuevo monasterio construido en la Llana de San Indalecio, hoy conocido como monasterio alto.
 

 

 

 Portada de la capilla de San Victorián

Este monasterio es un conjunto de edificaciones hechas en ladrillo y madera que comprendían las celdas, la cocina, el refectorio, las cosas del prior y del abad, actualmente hostería, y la iglesia, lo más interesante de este segundo monasterio.
 

El templo, un amplio edificio de tres naves y seis capillas laterales, llama la atención sobre todo por la gran fachada barroca flanqueada por dos torres y coronada por el frontón.

Tiene tres puertas de acceso enmarcadas por un excelente trabajo en piedra labrada de abigarrada decoración vegetal y tres hornacinas que albergan las esculturas de San Juan Bautista, la central, y San Indalecio y San Benito, las laterales. Obra de Pedro Onofre.
 

Por último, no debemos olvidar la importancia cultural de este monasterio, donde anónimas manos de monjes iluminaron algunas de las joyas bibliográficas que han llegado hasta nuestros días como la Biblia de San Juan de la Peña del siglo XI.

 

Detalle del interior del monasterio de San Juan

 

 

 

 

 

PINCHA EN LA FLECHA PARA VOLVER ATRÁS